Floriografía, el lenguaje emocional de las flores

Floriografía, el lenguaje emocional de las flores

Al igual que sucede con los colores o la comida, cada persona tiene su flor favorita con la que se identifica y le otorga un significado personal. En la época victoriana, su simbología adquirió un lenguaje propio que vemos en esta entrada.

La floriografía, el lenguaje visual de las flores
¿Qué hay más bucólico que un campo repleto de flores en primavera?. Imagen: Freepik
En The Bleuve, las flores representan un elemento único de inspiración y creatividad que plasmamos en nuestras cazadoras vaqueras y en nuestra última serie de pañuelos en Manila Collection, donde forman parte de los tres diseños otorgándoles color, luz y vida propia. 

A lo largo de la historia las flores llegaron a poseer un lenguaje propio por aquellas personas que vieron en ellas una forma de comunicarse más allá de su belleza inigualable. Las vemos representadas en escudos familiares, banderas y otros símbolos que hacían uso de sus distintivos para definir características de una comunidad, linaje familiar y hasta de grandes imperios. 

Durante el siglo XIX y principios del siglo XX en la llamada “época victoriana” en el Reino Unido surgió la “floriografía” o lenguaje de las flores, una canal floral creado por los comerciantes británicos para comunicarse entre ellos y que posteriormente fue acogido por los amantes más secretos para enviarse mensajes encriptados entre sí declarándose su amor o transmitiendo sus emociones.

Imagen ilustrada del uno de los diccionarios de floriografía

El contexto en el que se enviaba cada flor también tenía su propio código interno conocido solamente entre los amantes. Por ejemplo, si un ramo de rosas amarillas se enviaba entre amantes podía significar celos o infidelidad. Tal era el número de significados distintos que adquirieron las flores que en el siglo XIX apareció el primer diccionario para identificar el significado de cada flor o planta. Incluso estos mismos diccionarios eran llevados consigo por las propias personas que querían consultar qué mensaje se escondía detrás de cada una. La repercusión llegó a dar lugar a una auténtica fiebre por el vocabulario floral, creándose cientos de diccionarios entre 1830 y 1880.

Los significados de cada flor estaban ligados normalmente a emociones y sentimientos, pues qué mejor que una flor para expresar momentos tan profundos y personales entre dos personas. Aquí os dejamos sólo algunas de los muchísimas acepciones que se recogieron en los diccionarios victorianos para cada flor:

Azahar: amor eterno

Camelia: “te querré siempre”.

Crisantemo: eternidad

Flor de Lis: pasión ardiente

Hiedra: fidelidad en el matrimonio

Lavanda: pureza

Narciso: vanidad

Tulipán amarillo: amor sin esperanza

Violeta: simplicidad

Y así una larga lista de flores y significados emocionales adheridos a cada una de ellas en un periodo donde hablar de amor a veces podía ser una cuestión de vida o muerte. 

Flores silvestres en pleno campo. Imagen: Freepik

Con el paso del tiempo y a medida que el lenguaje del amor adquiría nuevas dimensiones lingüísticas y mayor apertura social, estos diccionarios pasaron a ser joyas de coleccionista, obras literarias y recordatorios de cómo la naturaleza y, en este caso, las flores pueden llegar a expresar cosas para las cuales ni siquiera las palabras bastan. 

¿Os gustaría que en The Bleuve dediquemos una serie de diseños para esas flores que expresan nuestros sentimientos más bonitos? Déjanos un comentario y lo tendremos muy en cuenta. Por el momento, cerramos este post, con la imagen de la madreselva, a ver si consigues encontrar qué queremos decirte. 

¿Qué nos quiere expresar la belleza de la Madreselva?

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