Un viaje a traves de la luz y el arte

Un viaje a través de la luz y el arte

Diciembre es el mes de la luz en The Bleuve. Después de un 2020 que nos ha dejado muchos momentos ensombrecidos, queremos brillar para cerrar el año. Acompáñanos en este recorrido artístico guiados por la luz de la creatividad.

Desde el comienzo de los tiempos, la existencia de cualquier ser vivo se debate entre luces y sombras. Buscamos en el Sol, nuestra luz primaria, para encontrar calor y la luz celeste de las estrellas en medio de una noche oscura para guiarnos y no perdernos entre las sombras. 

La luz ha sido símbolo de inspiración, de creatividad, de inteligencia. Ya la mitología griega nos situaba ante Prometeo, un rebelde del Olimpo que acometió por sí mismo robar la luz de los dioses y llevársela a los hombres para iluminarles y con ello impulsar su capacidad de pensar y crear por sí mismos. El castigo impuesto a ese acto temerario también fue divino.

Representación de Prometeo
Representación de Prometeo, robando en secreto el fuego del carro del Sol, por Von Füger.

Uno de los capítulos más brillantes de nuestra historia es el “Siglo de las Luces”, nombre dado por los narradores de la Ilustración, periodo del siglo XVIII en donde se impuso el conocimiento humano por encima de la ignorancia y la superstición, después de la época negra y sombría de la Edad Media, dando lugar a momentos culminantes como la Revolución Francesa definida en “libertad, igualdad y fraternidad”.

El pródigo inventor estadounidense Thomas Edison dedicó su vida a dar lugar a muchos dispositivos como el fonógrafo o la cámara de cine, pero sin duda, su invento más significativo para el ser humano fue la electricidad, en el instante en que los filamentos de su lámpara se iluminaron durante más de 48 horas, cambiando la historia de nuestras vidas. 

Thomas Edison con su descubrimiento
Thomas Edison con su descubrimiento

Luz natural o artificial, el arte se ha nutrido de ella para dar vida a sus creaciones artísticas. Uno de los primeros genios en entender las posibilidades del uso de la luz en la pintura y usarla para crear espacios fue el italiano Leonardo Da Vinci, quien fue maestro en su dominio a través de la profundidad y la perspectiva en obras tan significativas como La Gioconda.

A medida que la técnica lumínica adquirió un mayor desarrollo, sus aplicaciones alcanzaron un dominio absoluto, como demuestran los periodos del Barroco y el Renacimiento, siendo posiblemente Caravaggio su artista más representativo, un creador extraordinario de escenas donde la emoción y la expresividad de los personajes se refleja a través de la luz, sin que el ojo humano sea capaz de identificar su origen.

El llamado de San Mateo, Caravaggio
El llamado de San Mateo, Caravaggio (1599)

En el terreno de la escultura, debemos pararnos obligatoriamente ante la obra prodigiosa de Miguel Ángel, su dominio de los pliegos de los ropajes en sus personajes divinos es igual de sobrecogedor al efecto que tiene la luz sobre sus obras, destacando los elementos que quería el autor hacia expresiones, miradas y movimientos.

Moisés de Miguel Ángel
Imagen de Moisés de Miguel Ángel

 

The Weather Project por Olafur Eliasson
The Weather Project por Olafur Eliasson

Si avanzamos en el tiempo, la concepción de la luz y el espacio que tenía Miguel Ángel en sus obras escultóricas y arquitectónicas llegó a su apogeo con la obra del danés Olafur Eliasson, quien se ha convertido con merecimiento en el maestro de la luz en sus instalaciones lumínicas. Un innovador absoluto del manejo de la luz, como representó su The Weather Project en el Tate Modern de Londres, capaz de proyectar la luz del sol a través de centenares de lámparas de mono frecuencia en la atmósfera de la inmensa Sala de Turbinas. 

Uno de los “competidores” de Larsson que mejor simboliza esa capacidad única de evocar  es el norteamericano James Turrell, cuya obra cumbre Light and Space es el epítome artístico del manejo lumínico dando lugar a esculturas e instalaciones que sitúan al espectador en mundo paralelos, en pasajes a otras realidades donde el tiempo y el espacio adquieren otra dimensión. Quien esté por Barcelona puede pasarse por el Museo del Chocolate y disfrutar de una de sus obras nada más cruzar sus puertas. 

Foto de la instalación de James Turrell
Foto de la instalación de James Turrell

  

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